Sistemas de información y comunicación en la sala de hemodinámica

Continuamos con la serie de formación en hemodinámica. En esta entrega dejamos la técnica del procedimiento en un segundo plano para fijarnos en algo que sostiene toda la actividad de una sala moderna: los sistemas de información y comunicación.

Cada intervención genera imágenes, curvas de presión, informes y vídeos que hay que almacenar, proteger y, cada vez más, compartir en tiempo real con otros profesionales. Repasamos cómo se organiza esa información, qué obligaciones de privacidad conlleva y cómo se ha transformado la sala de hemodinámica en un espacio plenamente conectado.

Los sistemas de información en el entorno hospitalario

Un hospital genera a diario una cantidad ingente de información de naturaleza muy distinta: texto clínico, imágenes, vídeos, señales fisiológicas y datos administrativos. Tradicionalmente, cada servicio ha utilizado su propio software especializado, lo que ha dado lugar a sistemas potentes pero, en ocasiones, poco comunicados entre sí. La tendencia actual apunta justo en la dirección contraria: hacia la interoperabilidad, de forma que los distintos programas de un hospital —e idealmente de toda una red asistencial— intercambien información sin fricciones.

Del dato al conocimiento clínico

Cuando un paciente ingresa, la información empieza a registrarse en un sistema on-premise (alojado en el propio hospital), en la nube, o en una combinación de ambos. Sea cual sea la infraestructura, el dato recorre un camino largo: se genera, se almacena, se respalda, en ocasiones se anonimiza para estudios y, finalmente, debe eliminarse cuando ya no es necesario conservarlo. En cada paso, la responsabilidad sobre su seguridad y privacidad sigue siendo del centro sanitario, use o no proveedores externos.

Los grandes sistemas: HIS, RIS, LIS y PACS

Dentro de un hospital conviven varios sistemas de información especializados, cada uno centrado en una parte del proceso asistencial. Los más relevantes para una unidad de hemodinámica son estos cuatro:

SistemaSiglasFunción principal
Sistema de Información HospitalariaHISGestiona de forma centralizada los procesos clínicos y administrativos del centro: admisión, historia clínica, prescripción, informes y facturación.
Sistema de Información RadiológicaRISOrganiza la actividad del servicio de radiología: citas, listas de trabajo y los informes asociados a cada estudio.
Sistema de Información de LaboratorioLISGestiona las peticiones, el procesamiento y los resultados de las pruebas de laboratorio.
Sistema de Archivo y Transmisión de ImágenesPACSAlmacena, distribuye y permite visualizar las imágenes médicas digitales de las distintas modalidades diagnósticas.

Estos sistemas trabajan de forma coordinada: el PACS se integra con el HIS para vincular cada imagen con la historia clínica del paciente, el mismo flujo que permite a un cardiólogo consultar desde otra planta la coronariografía realizada esa misma mañana en la sala de hemodinámica.

Cuando la unidad necesita su propia base de datos

Más allá de la historia clínica electrónica, muchas unidades mantienen registros propios con fines de investigación o control de calidad. Diseñarlos bien desde el principio evita problemas más adelante:

  • Empezar solo por las variables imprescindibles: las bases de datos que arrancan pequeñas mantienen niveles de cumplimentación más altos que las que pretenden abarcarlo todo desde el primer día.
  • Documentar la definición de cada variable (el llamado diccionario de datos), para que el criterio de recogida no dependa de la memoria de quien diseñó el formulario original.
  • Prever desde el inicio la exportación de los datos: en qué formato saldrán, si se anonimizarán antes y si el modelo podrá ampliarse con nuevas variables sin rehacer el registro completo.

Real World Data: el valor de los datos de la práctica clínica diaria

Los ensayos clínicos aleatorizados siguen siendo la referencia para demostrar la eficacia de un tratamiento, pero se desarrollan en condiciones controladas sobre poblaciones seleccionadas que no siempre reflejan la práctica diaria. De ahí el interés creciente por el Real World Data (RWD) o datos de vida real: información sobre la salud de un paciente recogida fuera de ese entorno controlado, típicamente desde la historia clínica electrónica, registros de pacientes o dispositivos de monitorización. Su análisis genera lo que se conoce como Real World Evidence (RWE), evidencia clínica que complementa —nunca sustituye— a la de los ensayos clínicos.

Para qué se usan los datos de vida real

La industria sanitaria y los propios profesionales encuentran un uso cada vez más amplio a este tipo de datos:

  • Vigilar la seguridad de un tratamiento o un dispositivo médico una vez que ya está en uso, más allá del periodo de estudio inicial.
  • Aportar evidencia adicional que respalde procesos de aprobación regulatoria, complementando los datos de los ensayos clínicos clásicos.
  • Ayudar a diseñar nuevos estudios, detectando patrones clínicos o facilitando el reclutamiento de pacientes.
  • Comparar el coste-eficacia de distintas alternativas terapéuticas para una misma patología.

Conviene no confundir estos datos con los de un ensayo clínico: en un estudio controlado la información se recoge con un objetivo y una estructura definidos de antemano, mientras que en la práctica diaria suele quedar repartida en distintos sistemas, con formatos heterogéneos y menor nivel de validación, lo que exige un trabajo adicional de estructuración antes de poder analizarla con garantías.

Privacidad y seguridad de la información clínica

Ningún sistema de información es completamente invulnerable, y el sector sanitario maneja uno de los tipos de datos más sensibles que existen. Seguridad y privacidad, aunque relacionadas, son conceptos distintos: la primera se ocupa de que los sistemas estén protegidos frente a accesos o incidentes no autorizados; la segunda, de que esos datos se traten cumpliendo los derechos del paciente sobre su propia información.

Los pilares de la seguridad de la información

Clásicamente, la seguridad de la información se apoya en tres principios. A ellos se han sumado otros tres, cada vez más presentes en la normativa:

  • Confidencialidad: solo accede al dato quien está autorizado.
  • Integridad: el dato se mantiene fiel a como fue registrado.
  • Disponibilidad: los sistemas y la información están accesibles cuando se necesitan.
  • Trazabilidad: siempre debe poder reconstruirse quién accedió a un dato y cuándo.
  • Resiliencia: capacidad del sistema para seguir funcionando, o recuperarse rápido, ante un fallo o un ataque.
  • Autenticidad: garantía de que los usuarios y los sistemas son quienes dicen ser.

Cómo se mide el riesgo

Una forma sencilla de entender el riesgo de un sistema de información es como el producto de dos factores: Riesgo = Probabilidad × Impacto. La probabilidad depende de las vulnerabilidades del sistema y de su exposición a una amenaza; el impacto mide el daño que causaría explotarla, ya sea económico, asistencial o reputacional.

Existen estándares para sistematizar este análisis, entre ellos las normas ISO 27001 (gestión de la seguridad de la información) e ISO 31000 sobre gestión de riesgos, y en España el Esquema Nacional de Seguridad (ENS), de obligado cumplimiento para las administraciones públicas.

El interés por proteger estos sistemas no es teórico: en los últimos años se han sucedido ataques de ransomware que han bloqueado la actividad de hospitales enteros, con casos muy sonados en Estados Unidos y Francia, lo que ha acelerado la inversión en ciberseguridad sanitaria en muchos países.

Protección de datos personales: seudonimización y anonimización

El Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) europeo define como dato personal cualquier información relativa a una persona física identificada o identificable, ya sea de forma directa (nombre, número de historia clínica) o indirecta, combinando varios datos que por separado no identificarían a nadie. Fuera de la Unión Europea existen marcos equivalentes, como la CCPA en Estados Unidos, con matices propios sobre qué se considera exactamente un dato identificable.

Dos técnicas reducen el riesgo asociado a estos datos, y conviene no confundirlas. La seudonimización sustituye los identificadores directos por un código, de forma que solo quien conserve la clave pueda volver a vincularlo con el paciente real: es reversible, y esos datos siguen considerándose personales a efectos legales.

La anonimización pretende ser irreversible y elimina toda posibilidad razonable de reidentificar al sujeto; solo cuando lo consigue de verdad, esos datos dejan de estar sujetos al reglamento.

Conseguir una anonimización realmente robusta es más difícil de lo que parece. Un caso ya clásico en la literatura sobre privacidad es el de un conocido servicio de streaming que en 2006 publicó las valoraciones de películas de cientos de miles de usuarios, despojadas de nombres y datos de contacto, dentro de un concurso público para mejorar su algoritmo de recomendación. Investigadores universitarios demostraron después que, cruzando esas valoraciones «anónimas» con reseñas y fechas públicas de otra plataforma de cine, podían reidentificar a buena parte de esos usuarios. El caso es referencia obligada para explicar por qué cruzar fuentes distintas puede deshacer un anonimato que parecía sólido.

La voz del paciente: PROM, PREM y monitorización a distancia

Cada vez es más frecuente extender el proceso asistencial más allá del hospital, incorporando la información que aporta directamente el paciente. Dos siglas resumen esta idea: los PROM (patient-reported outcome measures), cuestionarios validados sobre cómo percibe el propio paciente su estado de salud —síntomas, calidad de vida, capacidad funcional— sin que un profesional interprete la respuesta; y los PREM (patient-reported experience measures), que miden en cambio la experiencia durante el proceso asistencial: tiempos de espera, información recibida, trato del personal. Ambos ayudan a orientar las decisiones hacia lo que de verdad importa a quien recibe la atención.

Wearables y aplicaciones de salud

Los wearables —pulseras y relojes inteligentes, sobre todo— registran de forma continua parámetros como la frecuencia cardíaca, la actividad física o el sueño, y cada vez son más los pacientes que llegan a consulta con meses de esos datos ya recopilados. Cuando un wearable o una aplicación se diseña con un propósito sanitario —apoyar un diagnóstico, una prevención o un tratamiento— pasa a considerarse producto sanitario y debe cumplir el Reglamento UE 2017/745, que exige el marcado CE y clasifica el producto en categorías de riesgo según el impacto de un fallo sobre la salud del paciente. Un contador de pasos no está sujeto a esta regulación; una aplicación que analiza un electrocardiograma para alertar de una arritmia, sí.

La sala de hemodinámica integrada

Se conoce como sala integrada aquella que centraliza, a través de un sistema de control con interfaz táctil, el manejo de todas las señales de vídeo, el audio, las comunicaciones y la grabación de la sala. En lugar de que cada equipo —angiógrafo, ecógrafo, consola de IVUS o de guía de presión, monitor de constantes— envíe su imagen a una pantalla independiente, el sistema integrado permite componer varias fuentes en una sola pantalla, distribuirlas a otras salas o al auditorio del hospital, y grabar la intervención para su documentación posterior.

En España, este tipo de salas comenzó a instalarse a partir de 2014, tras varios años de desarrollo tecnológico previo. El Hospital Clínico San Carlos de Madrid fue uno de los primeros centros en disponer de esta tecnología, y ya en 2015 llegó a transmitir en directo una docena de casos durante una reunión científica, usando equipos de videoconferencia de alta resolución.

Componentes técnicos

  • Cámaras robotizadas: normalmente dos —cenital y de brazo articulado—, con giro, inclinación y zoom (PTZ) controlados desde pantalla táctil.
  • Procesador de vídeo: recibe todas las señales de la sala y las compone en distintas configuraciones —completa, lado a lado o incrustada— según la fase del procedimiento.
  • Sistema de audio e intercomunicación: micrófonos ambientales y auriculares inalámbricos que dejan un oído libre y conectan con las salas de sesiones o videoconferencia.
  • Sistema de grabación: graba de forma sincronizada la composición elegida, habitualmente en H.264, con posibilidad de revisión y exportación posterior.
  • Videoconferencia de alta definición: envía y recibe audio y vídeo en tiempo real con otros centros, con compresión suficiente para mantener calidad incluso en redes móviles.

Las salas de sesiones clínicas

Como complemento natural de la sala integrada, muchos servicios cuentan con una sala de sesiones con una pantalla táctil de gran formato, conectada de forma bidireccional con la sala de hemodinámica. Allí puede seguirse en tiempo real un procedimiento, algo útil para la formación de residentes y las sesiones clínicas, sin que todo el personal esté dentro de la sala de intervención. De hecho, la tendencia es la contraria: el acceso a la sala se restringe cada vez más, por flujo de trabajo y por protección radiológica, y es esa pantalla conectada la que permite seguir el caso sin necesidad de entrar.

Quirófanos híbridos: la imagen integrada en el espacio quirúrgico

Cuando estos sistemas se instalan en un quirófano híbrido, conviven con equipamiento propio de un espacio quirúrgico: torre de anestesia, lámparas de quirófano y soportes de techo para monitores, además del arco de imagen —fijado al suelo o al techo— y una mesa con tableros intercambiables entre uso quirúrgico e intervencionista. Estas salas suelen instalarse bajo un sistema de flujo laminar, una corriente de aire unidireccional que mantiene limpio el campo quirúrgico, un requisito propio de los quirófanos poco habitual en un laboratorio de hemodinámica convencional.

El lenguaje técnico de las conexiones de audio y vídeo

Detrás de cada pantalla de la sala hay un cable y un conector concretos, y no todos son intercambiables. La evolución ha ido de lo analógico a lo digital: del vídeo compuesto o el VGA de finales de los años ochenta se ha pasado a conectores digitales como el DVI, el HDMI, el SDI (habitual en el entorno profesional de la radiodifusión) o el DisplayPort, cada uno con mayor capacidad de transmitir resolución y frecuencia de imagen que el anterior. El HDMI, en particular, se ha convertido en el estándar más extendido, con sucesivas versiones que ya soportan resoluciones de 8K.

Resoluciones habituales en una sala de hemodinámica

La mayoría de los sistemas de una sala integrada trabajan hoy en Full HD, aunque los procesadores de vídeo más recientes ya empiezan a ofrecer resoluciones 4K. Como referencia, estas son algunas de las resoluciones más habituales en el entorno audiovisual:

EstándarResolución (píxeles)
VGA640 × 480
SVGA800 × 600
XGA1.024 × 768
SXGA1.280 × 1.024
UXGA1.600 × 1.200
Full HD (2K)1.920 × 1.080
4K UHD3.840 × 2.160
Full 4K (cine)4.096 × 2.160
8K7.680 × 4.320

Conectores de audio

El audio sigue una lógica parecida. Entre los conectores analógicos, el jack es el más habitual tanto en equipos de consumo como profesionales; el RCA es el más reconocible en el entorno doméstico; y el XLR es el de referencia en el ámbito profesional, porque su señal balanceada resiste mucho mejor las interferencias en tiradas de cable largas.

En el terreno digital, el S/PDIF coaxial o el TOSLink óptico transmiten la señal sin pérdidas y, este último, con inmunidad total a las interferencias electromagnéticas, algo nada desdeñable en una sala llena de equipos electrónicos.

La sala de hemodinámica ya no se entiende sin la infraestructura digital que hay detrás: sistemas que ordenan la información clínica, protocolos que protegen la privacidad del paciente y una red de vídeo, audio y comunicación que conecta la sala con el resto del hospital y, cuando hace falta, con el resto del mundo. En próximas entregas de esta serie seguiremos recorriendo los distintos aspectos de la actividad diaria en hemodinámica.

Este artículo tiene un enfoque divulgativo dirigido a profesionales y personas interesadas en la cardiología intervencionista; no sustituye la formación reglada ni los protocolos específicos de cada centro. Contenido elaborado a partir de los temas tratados en el capítulo 3, «Sistemas de información y comunicación en la sala de hemodinámica», del Manual de Hemodinámica e Intervencionismo Cardíaco (Unidad de Hemodinámica, Servicio de Cardiología, Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz, Madrid), utilizado aquí como obra de referencia.

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