La Administración de Donald Trump ha comenzado a aplicar este viernes los nuevos aranceles a los medicamentos patentados y a los principios activos importados, al amparo de la Sección 232 de la Ley de Expansión Comercial, una herramienta legal reservada hasta ahora a sectores considerados estratégicos para la seguridad nacional. La medida convierte a la industria farmacéutica en uno de los nuevos frentes de la ofensiva comercial de Washington, y obliga a las grandes compañías a elegir entre asumir mayores costes de exportación o trasladar parte de su producción a Estados Unidos.
La orden ejecutiva establece un gravamen general del 100% sobre los medicamentos y principios activos fabricados fuera de EE. UU. Sin embargo, las negociaciones de los últimos meses con varios de los principales socios comerciales de Washington han dado lugar a un sistema de tarifas diferenciadas, sensiblemente más bajas que las inicialmente planteadas.
Un arancel del 15% para la Unión Europea, con excepciones
Los productos procedentes de la Unión Europea, Suiza, Japón y Corea del Sur quedan sujetos a un arancel del 15%, mientras que el Reino Unido afrontará un 10%. Se trata de niveles muy por debajo de las tasas punitivas que llegaron a barajarse inicialmente, de entre el 100% y el 250%, aunque suponen igualmente un incremento de costes que obligará a revisar márgenes, contratos y estrategias de producción en toda la cadena de suministro.
Las compañías incluidas en el Anexo III de la proclamación —diecisiete grandes multinacionales, entre ellas Roche, AstraZeneca, Merck, GSK y Sanofi, todas ellas europeas— ya deben asumir los nuevos gravámenes desde el 31 de julio. Para el resto de empresas farmacéuticas que no figuran en esa lista, la medida empezará a aplicarse a partir del 29 de septiembre.
Los medicamentos genéricos y sus principios activos quedan, por ahora, exentos de estos aranceles, en virtud de la investigación sobre trabajo forzoso que el propio Gobierno estadounidense había anunciado la semana previa. No obstante, el Departamento de Comercio de EE. UU. ya ha advertido de que revisará esta protección en el plazo de un año.
El objetivo: presionar sobre el precio global de los medicamentos
Detrás de la medida hay un objetivo que va más allá de la recaudación. La Casa Blanca pretende utilizar el acceso al mercado estadounidense como instrumento de presión para modificar el sistema mundial de fijación de precios de los medicamentos, bajo la política de la «nación más favorecida»: que ningún fármaco financiado con dinero público en EE. UU. cueste más que en el país desarrollado donde se venda más barato. Es un mecanismo inédito hasta la llegada de Trump a la Casa Blanca, que combina política sanitaria con presión arancelaria.
Impacto en España: 1.100 millones de dólares en exportaciones
España exportó medicamentos por valor de 1.100 millones de dólares al mercado estadounidense en 2024, según datos del Icex. Cerca de 200 empresas españolas mantienen relaciones comerciales con ese destino, de las cuales unas 50 lo hacen de forma regular. El arancel del 15% queda lejos del gravamen del 100% previsto para otros países, pero implica igualmente un aumento de costes que las compañías deberán trasladar a sus estrategias comerciales.
Para Judith Arnal, investigadora principal de economía del Real Instituto Elcano, el tope del 15% resulta «claramente menos disruptivo» que los niveles punitivos inicialmente barajados, lo que aporta cierto horizonte de previsibilidad. Aun así, recuerda que Washington ha demostrado en repetidas ocasiones su capacidad de amenazar con aranceles superiores si no obtiene las concesiones que busca.
Opiniones divididas: entre la relativización y la preocupación del sector
Javier Padilla, secretario de Estado de Sanidad, ha relativizado el impacto de la medida a nivel nacional, insistiendo en que «España de manera directa no se ve afectada», aunque reconoce que los efectos en un mercado tienden a trasladarse a otros. Padilla recuerda además que la comparación habitual entre precios en EE. UU. y Europa suele centrarse en los medicamentos innovadores, cuando en realidad el mercado estadounidense se apoya de forma masiva en el uso de genéricos, que de momento mantienen un arancel del 0%.
Desde el sector farmacéutico europeo, la lectura es más preocupante. Alexander Natz, secretario general de Europe, niega que algunos países puedan considerarse a salvo: «es difícil decir que un país no se ve afectado, porque el impacto depende del medicamento concreto». En la misma línea se pronuncia Juan Yermo, director general de Farmaindustria, quien sostiene que el estatus de España no la aísla en un mercado único. Organizaciones como AseBio refuerzan esta preocupación y advierten de que la orden ejecutiva supone un obstáculo competitivo frente a países con tarifas menores o acuerdos de producción local en EE. UU.
Según Diederik Stadig, economista especializado en el sector sanitario del centro de análisis ING Think, el sector farmacéutico europeo se siente cada vez más atraído por Estados Unidos debido a la mayor rapidez en la aprobación de medicamentos, un mercado interno más amplio, mayor poder de fijación de precios, incentivos industriales generosos y el creciente uso de la política comercial como herramienta de presión. Para las empresas que no operan con genéricos, el escenario es más severo y obliga a elegir entre aceptar planes de relocalización a EE. UU. o buscar mercados alternativos.
La respuesta europea: más peso para los genéricos
Frente a la inestabilidad, Padilla subraya que varios países europeos —España en particular— están reforzando políticas destinadas a aumentar el peso de los medicamentos genéricos, con el objetivo de liberar recursos presupuestarios que permitan financiar la incorporación de nuevos tratamientos de alto coste. Estos productos mantienen, por el momento, un arancel del 0%, una medida que busca proteger la asequibilidad de los medicamentos esenciales en el mercado estadounidense.
La medida marca el inicio de una nueva etapa en las relaciones comerciales entre EE. UU. y sus socios en el sector farmacéutico, con implicaciones que se extenderán previsiblemente a toda la cadena de suministro global de medicamentos en los próximos meses.